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Solsticios y equinoccios, una conciencia solar

16 junio, 2025

“Oh Sol, sustentador de todo lo que vive,
el rostro de la Verdad está cubierto por tu refulgente resplandor.
Por favor, retira este velo y permite a tu devoto
poder contemplar la Verdad”

Ishavasya Upanishad

La conexión Solar

Las prácticas de conexión solar, conocidas como Surya Yoga, son esenciales en el Sanātana Dharma. La Tradición Védica reconoce en Surya, el Sol, a la Inteligencia Divina, quien emana códigos de Luz y fotones hacia nuestro planeta y hacia las almas que lo habitamos.

El Sol es el regente de nuestro Sistema y el dador de energía vital; su importancia es total, simplemente porque sin su presencia la vida no sería posible. Incluso en la carta natal, nuestra capacidad de captar prana depende del grado de conexión con Surya. Asimismo, se le denomina Ātma Kāraka (genérico) o significador del Ser, dado que representa las posibilidades más elevadas del alma y simboliza siempre al Ser superior. Por ello, alcanzar las frecuencias solares constituye el mayor logro y el verdadero propósito del ser humano. Esta es la razón por la cual las civilizaciones desarrolladas en conciencia adoraban al Sol, considerándolo la manifestación más tangible, cercana y pura de la Divinidad.

Ahora bien, los equinoccios, solsticios y otros eventos solares son momentos cruciales para el trabajo de conexión con este magno astro rey. En este artículo nos proponemos definir y comprender la dinámica que ocurre en los solsticios y equinoccios, basándonos en los movimientos de la Tierra desde la perspectiva del Sistema Solar y en cómo estas mecánicas son percibidas por el ser humano desde nuestro planeta.

Los movimientos de la Tierra y el recorrido del Sol

En primer lugar, debemos considerar que, desde el punto de vista de la Tierra, observamos al Sol desplazarse por el cielo a lo largo del día. El astro rey asciende por el este en cada amanecer, se eleva hacia el cenit al mediodía y luego desciende hasta ocultarse en el oeste cada tarde. Esta trayectoria obedece al movimiento de rotación de la Tierra, que determina el ciclo día-noche de 24 horas y el ritmo circadiano del ser humano.

Ahora bien, si observamos este recorrido más detenidamente, notaremos que su trayectoria presenta variaciones de declinación a lo largo del año (Figura 1). Esto puede constatarse al situarnos en un determinado lugar y observar el amanecer durante todo un año. Al comparar el punto en que el Sol aparece en el horizonte en diferentes momentos, notaremos un desplazamiento (Figura 2). Este movimiento del punto de salida del Sol ocurre en dirección Sur-Norte de manera cíclica a lo largo de 12 meses. Este ciclo da lugar a las 4 estaciones del año, conforme el Sol se acerca o se aleja hacia el Sur y el Norte periódicamente. Este fenómeno estacional se acentúa a medida que nos alejamos de la línea del Ecuador.

Figura 1.

Este fenómeno se debe al movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol, sumado al hecho de que el eje de nuestro planeta está inclinado. En efecto, el ángulo de inclinación del eje de la Tierra es de 23,25° (Figura 3), lo cual permite que, a lo largo del año, el Sol irradie su luz más sobre un hemisferio que sobre el otro, originando las estaciones. Si nuestro planeta no tuviera esta inclinación, el movimiento orbital de la Tierra no afectaría el punto de salida del Sol y, por lo tanto, no habría cambio de estaciones.

Figura 2.

El Veda comprendió estas mecánicas y su efecto en el ser humano consciente. Al movimiento del Sol de sur a norte lo denominó Uttarāyaṇa y al movimiento de norte a sur Dakṣiṇāyaṇa. Cuando el Sol alcanza su punto más al norte o más al sur, ocurre un solsticio. Así, alrededor del 21 de diciembre tiene lugar el solsticio de invierno, siendo el día más largo en el hemisferio sur. De igual forma, alrededor del 21 de junio ocurre el solsticio de verano, el día más largo en el hemisferio norte.

Por otro lado, el equinoccio ocurre cuando el Sol se sitúa exactamente en el punto medio de su recorrido, ascendiendo al amanecer en el cardinal Este, a los 0°, como se observa en la Figura 2. Este evento ocurre dos veces al año: alrededor del 21 de marzo (equinoccio de primavera) y alrededor del 21 de septiembre (equinoccio de otoño).

La precesión de los equinoccios

En síntesis, un equinoccio, al igual que un solsticio, es un momento puntual del recorrido oscilante del Sol visto desde la Tierra. Este recorrido del Sol a lo largo de 12 meses ocurre de manera tal que se va desplazando a través de una secuencia específica de 12 constelaciones. El Sistema Solar está rodeado por un cinturón de estrellas (Figura 4). Estas 12 constelaciones emanan códigos de Luz, enviando información fotónica hacia el Sol, quien la distribuye por todo el sistema bajo su regencia, conformando lo que conocemos como el Zodíaco.

Figura 3.

El equinoccio de primavera ocurre alrededor del 21 de marzo (para el hemisferio norte), cuando el Sol se ubica en un punto exacto del cinturón zodiacal, actualmente coincidente con los 7° de la constelación de Piscis (Mīna). En otras palabras, ese día el Sol se encuentra en los 7 grados de Piscis, y no en los 0 grados de Aries como afirma la astrología tropical. Este punto, cuando el Sol se encuentra a mitad de camino hacia el Norte, se denomina Punto Vernal. Por lo tanto, cuando ocurre el equinoccio de primavera, decimos que el Sol está en Piscis. Asimismo, cuando ocurre el equinoccio de otoño, el Sol se encuentra en la constelación opuesta, Virgo (Kanyā). De igual manera, el solsticio de verano ocurre en Géminis y el de invierno en Sagitario. Esta es la referencia para saber en qué punto del cinturón zodiacal se encuentran el Sol y el resto de los planetas en un momento dado.

Sin embargo, nada en el cosmos permanece estático. El Veda responde a la naturaleza evolutiva del Universo. En efecto, el Punto Vernal se desplaza de forma retrógrada a razón de 1° cada 72 años. Esto significa que, dentro de 720 años, cuando ocurra el equinoccio de primavera, el Sol no estará en Piscis sino en Acuario, aproximadamente en los 27° de esta constelación. Este movimiento precesional de los equinoccios se debe a que el eje de la Tierra tiene un movimiento tambaleante, similar al de un trompo a punto de caer (Figura 4).

Figura 4.

Además, este movimiento se asocia a la progresión de las 4 edades evolutivas o Yugas, que conforman el espiral del desarrollo de conciencia en nuestro planeta, de acuerdo al grado de conexión con la Inteligencia Divina del centro de la Galaxia. Pero esto será tema de otro artículo.

Las ventanas de tiempo

Los astros son los grandes moduladores del tiempo para el ser humano. La importancia de los solsticios y equinoccios radica en que son portales que se abren para lograr la conexión con el Sol, la estrella regente de nuestro sistema.

Como hemos visto, los solsticios son puntos de partida y de culminación en el movimiento periódico del Sol. Se denomina Año Solar (Deva Ahorātra) al período que inicia en el solsticio de invierno, cuando el Astro, ubicado en su punto más austral, comienza a desplazarse hacia el Norte. Este recorrido completo de sur a norte es llamado Uttarāyaṇa, un día de los Devas. Cuando el Sol se traslada desde su punto más septentrional hacia el sur, comienza la segunda mitad del año, denominada Dakṣiṇāyaṇa, O Pitri Ahoratra (un día de los ancestros).

En los equinoccios el Sol se ubica en la mitad exacta de este recorrido. Esta posición dota ese momento de cualidades únicas, ya que ambos polos de la Tierra se encuentran a igual distancia del Sol. Así, nuestro astro regente irradia fotones equitativamente, recibiendo ambos hemisferios la misma proporción de luz. Por ello, el día y la noche tienen la misma duración en toda la Tierra. El equinoccio marca un equilibrio de polaridades: el amanecer ocurre exactamente en el cardinal Este. Por esta razón, las antiguas civilizaciones, conscientes de este evento solar, construían sus templos en alineación con el equinoccio. Es un momento que refleja la simetría universal y nos recuerda la perfección del cosmos y del ser humano, quien responde a las corrientes evolutivas de las estrellas.

Surya Yoga

Bajo este auspicioso portal, las prácticas solares recomendadas incluyen asanas y prāṇāyāmas para la activación de nuestro sistema físico y sutil. La energía vital del Sol facilita la captación de prāṇa, promoviendo bienestar y salud. Por ello, es un momento óptimo para la práctica de Hatha Yoga. El Surya Namaskar o Saludo al Sol es una secuencia de 12 posturas que configuran un maṇḍala, donde cada asana se asocia a una de las 12 frecuencias solares. Realizar al amanecer 12 de estas salutaciones al Sol es una poderosa forma de conexión.

Asimismo, el mantra yoga asociado a las energías solares es un pilar esencial del sādhanā. Entre los mantras, destaca la recitación del milenario Gayatri, una invocación a la fuerza que reside en el Sol y su capacidad de iluminar el alma.

Las Ciencias Védicas nos explican cómo funciona el Universo y cómo el hombre debe funcionar en él: acoplándose a los ritmos que expanden la Luz en el Cosmos. El Veda, en su perfección y exactitud, establece el significado del Sol, las prácticas de conexión y el momento propicio para realizarlas.

“Hay un milenio nuevo.
Hay un Sol nuevo, que espera.
Este planeta lo sabe.
El cambio no es más que una misma luz, pero nueva.
Es como si un Sol naciera, como si un horizonte nuevo se abriera,
y ves en cada crepúsculo, más muerte, más vida.
Veo una línea de planetas.
Veo un esfuerzo del mismo Sol, intentando sentir cada giro.
Todo a su ritmo, todo es su fuente, todo es su Luz, eso es lo visible.
¿Quién sabe lo invisible?
Son líneas imperceptibles que sueltan, que sueltan, que sueltan Luz.
Recibe mi consejo, cumple tu Dharma.
Disponte en tu entero Ser.
Reposa en tu mente y cuerpo.
¡Junta tu ser todo y atrévete a Ser!”

Sri Mataji Shaktiananda

Juan Insfran, Swami Sanjivaniananda - Mesa de investigación y redacción CLEV

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