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Breve historia de los Vedas – parte 2

3 mayo, 2022

“Quien no conoce la Verdad eterna del canto

 que habita en el éter supremo en que residen todas las divinidades, 

¿qué puede él hacer con los Vedas?

Permítenos que quienes conocen Aquello se reunan aquí…”

Rig Veda.

La historia del Dharma

En el artículo Breve historia de los Vedas introdujimos la historia y el desarrollo del Sanatam Dharma, la milenaria Tradición Védica, desde sus orígenes hasta el presente. De una forma sucinta, revisamos la naturaleza revelatoria de sus escrituras o Shastras a partir de las conciencias iluminadas de los Rishis o Sabios. Estudiamos cómo fueron las familias brahmanas quienes se encargaron de preservar este cuerpo de luz de mantras desde sus inicios. Esto, mediante las diferentes tradiciones como el Yagna y el Puja, distintos tipos de ceremonias que ofrendaban a la Divinidad, practicando y entonando los Shastras con devoción y perseverancia.

En ese artículo también estudiamos el desarrollo de las revelaciones que vinieron posteriormente: los Upanishads, como un entendimiento interno de las invocaciones cósmicas de los libros Veda; los Puranas, como las distintas mitologías asociadas a una variedad de Devatas o expresiones divinas; y los Tantras, como doctrinas iniciáticas que ofrendaron algunas de las prácticas yóguicas de mayor potencia en toda la historia de la Tradición.

Adicionalmente, analizamos la relación dual entre el Hinduismo contemporáneo y su raíz: el Sanatam Dharma, así como la relación que el Veda guarda con el resto de las religiones del subcontinente indio. Quizás lo más impresionante es ver allí el origen de una civilización tan enorme como lo fue la del Valle del Indo; auge de profundas, amplias y multifacéticas tradiciones, presente en las faldas de los Himalayas, en la región del Punjab de la actual India, desde hace más de de 5000 años.

Esto y muchos otros detalles permanecen disponibles en la primera parte de la Breve historia de los Vedas, que hoy proseguimos para profundizar sobre ciertos aspectos relevantes.

Un Yuga, una revelación

“Siempre que el Dharma decae y aumenta la injusticia, Yo me manifiesto. Para la protección de los virtuosos, la destrucción de quienes atentan contra la Ley y el restablecimiento del Dharma, Yo encarno de era en era”

Bhagavad Guita

Pocos historiadores lo saben, y quizás solo los iniciados dentro del Dharma podrían dar fe de que es así. El Veda guarda una íntima relación con los niveles de Conciencia colectivos del planeta Tierra. Por eso en escrituras como el Bhagavad Gita se explica el hecho de que la Divinidad se revela cada vez que el ser humano olvida el sendero, se desvía y es tomado por la ignorancia y la oscuridad. Es entonces cuando nace un Avatar (encarnación de la Divinidad) que se ocupa de restablecer el Dharma y renovar el Código Védico, que es actualizado para que el hombre pueda recordar y alcanzar su naturaleza trascendente e inmortal.

La conciencia planetaria oscila, tiene un fluir como las mareas en el océano. Este devenir depende, además del libre albedrío humano, de los ciclos astrológicos o Yugas que atravesamos. Esta comprensión de ciclos estelares surge del Jyotish (Astrología Védica) como el entendimiento del movimiento conocido como Ayanamsha en sánscrito: la precesión de los equinoccios. Esta particularidad del movimiento del planeta hace que la Tierra gire como un trompo, cambiando de eje y por ende de “estrella polar”, que es la estrella que marca el norte magnético y geográfico del planeta, como un Chakra Corona. Según la Tradición es ese tránsito de “estrellas polares”, lo que hace que milenio tras milenio la conciencia incremente o disminuya.

Además de esto, dicen astrólogos referentes tal como lo fue Swami Sri Yukteswar Giri, nuestro sistema solar gira alrededor del sol central de la galaxia. Así, cuando nos acercamos al centro galáctico, cada 25.920 años, entonces acaece Satya Yuga: la Edad de Oro, una era de esplendor y conexión divina generalizada. Y al contrario, cuando nos alejamos al extremo opuesto tiene lugar Kali Yuga o la Edad de Hierro, una época de olvido de lo esencial, de inmersión en la percepción de los 5 sentidos, de ignorancia, temor, entre otros… En la mitad entre Satya y Kali Yuga encontramos a Treta y Dwapara Yugas, las eras intermedias, de Plata y Bronce según los griegos, respectivamente. Allí las condiciones energéticas y de conciencia colectiva se distribuyen en puntos intermedios según qué tan avanzado esté el Yuga en curso como tal. 

Así, el Veda cuenta con una revelación por cada Yuga, en donde se actualiza y destaca aspectos esenciales que tendrán que ser trabajados durante ese ciclo para que se pueda cumplir el objetivo de acercar al ser humano a su propia Realización.

Las enseñanzas sucesivas

Como revelación del Dharma Shastra, los 4 libros Veda descienden primero: Rig, Sama, Yajur y Atharva. Originalmente los Vedas se consideraban solo 3, bajo la noción llamada Vedatrayi o Triveda. Pero luego se incluye al Atharva que es el último de estos 4. Estos se componen de invocaciones trascendentes y un tanto inasibles para nuestras bandas de mentalidad racional. También contienen descripciones de rituales altamente complejos que propiciaban la asistencia de los “dioses” o Devatas, y otras entidades cósmicas.

Cada Veda se divide en 4 partes, una compilación de versos o Samhita, un comentario sacerdotal o Brahmana, y un “tratado de los bosques” mejor conocido como Aranyaka. Así mismo, se les asocia un texto de correspondencia filosófica o un Upanishad. En los libros Veda como tal no se habla explícitamente del Karma, del Yoga Sadhana o de la reencarnación. Su centro es el ritual védico o Yagna y el uso de mantras en general, y a base de eso se construye toda la cosmovisión y cultura védica alrededor. Podemos inferir que a razón de las altas frecuencias del Satya Yuga la humanidad se encontraba en un estado de conciencia que le permitía acceder a las metáforas esotéricas del Veda de forma más directa, y no hacían falta explicaciones que en su tiempo pudieran ser consideradas como “obvias”.

El entendimiento yóguico de los Vedas surgió con los Upanishads en el Treta Yuga, que fueron conversaciones entre un Maestro y sus discípulos o entre discípulos y Devas de diferentes naturalezas. Habiendo ya terminado el Satya Yuga hacía falta clarificar, puntualizar el hecho de que aquella vastedad cósmica, el panteón de dioses védicos del que hablaban los Vedas, realmente existía en el interior del ser humano. Por eso se enfatizan los conceptos de Brahman, la totalidad o la Conciencia más allá del tiempo y el espacio, y del Atman, la esencia de cada ser individual en evolución. La joya o la revelación más importante de los Upanishads es la descripción del Atman como Brahman, siendo uno y el mismo. Esto implica el entendimiento de que cada ser individual es una expresión de la totalidad del universo manifiesto e inmanifiesto.

De esta comprensión, que realmente fue solo la descripción en palabras del estado de conciencia que habían alcanzado los Rishis, surgen los Mahavakyas o los grandes enunciados del Veda tales como “Ahambrahmasmi” o “Shivoham”, los cuales se traducen como “Yo soy Brahman” y “Yo soy Shiva”, respectivamente. Dada la claridad y contundencia de la revelación se considera a los Upanishads, y en un sentido más amplio, a la escuela Advaita Vedanta, como la concreción de la filosofía védica y las bases del Yoga como disciplina espiritual para alcanzar ese mismo estado de realización que describieron los Mahavakyas.

Los Puranas, por su parte, surgen tras los Upanishads. Corresponden a Dwapara Yuga, y tienen por propósito expandir el cuerpo de las posibilidades de invocación en la Tradición, pues revelan las historias, mitologías, iconografías y mantras de cientos de deidades que son tomadas por los sacerdotes para realizar ceremonias de activación y reconexión con estados superiores de conciencia. Dentro de su literatura encontramos títulos tan importantes como el Shiva Purana, que cuenta las historias de Mahadeva, el gran regente del universo según la Tradición. O el Bhagavata Purana también conocido como Srimad Bhagavatam, quien describe la vida de personajes como el Avatar Krishna y se entrecruza con el Mahabharata en sus narrativas y episodios. Aparecen otros como el Brahmanda Purana, el Skanda Purana, el Vishnu Purana, el Surya Purana, entre muchos más.

Finalmente los Tantras concluyen, por lo menos hasta su aparición en la era medieval durante el Kali Yuga, los desarrollos antiguos de las revelaciones védicas. Los Tantras son un tipo de texto que codifica el entendimiento de la escuela tántrica o Tantra Marga, así como las líneas tántricas de iniciación y práctica espiritual. Una curiosidad importante es el hecho de que existen Tantras budistas o con fuerte influencia del Budismo, lo cual se debe al álgido intercambio que hubo entre tradiciones en la India medieval y en fechas anteriores. Existen líneas tántricas asociadas a Shiva, a Mahadevi o la Madre Divina, e incluso a Ganesha, Vishnu y a diferentes formas de Bodhisattvas según el budismo tibetano, como por ejemplo la madre Tara. Sus metodologías combinaron tanto prácticas ceremoniales y Yagna como recursos yóguicos tales como el pranayama, el mantra y la visualización.

Un proyecto de civilización, no una religión

Es sumamente difícil, por no decir imposible, resumir miles de años de sabiduría en pocas líneas. Lo que podemos enunciar para cerrar es un llamado de atención sobre la naturaleza inmensurable del legado del Sanatam Dharma. Las religiones o filosofías comunes no tienen tal nivel de complejidad ni son omniabarcantes. Ninguna otra tradición espiritual contempla dentro de sus enseñanzas un sistema medicinal completo como lo es Ayurveda, ni cuenta con la lectura de los astros que provee el Jyotish (astrología védica), ni provee tal nivel de prácticas y rituales de conexión como lo hacen los diferentes tipos de Yoga o el ceremonial (Karma khanda) de los sacerdotes védicos. El Sanatam Dharma enseñó eso y mucho más: arquitectura, artes de defensa militar, musicología, ética y política, entre muchísimas otras ramas que constituyeron el legado vivo más amplio de la humanidad.

La Tradición Védica es y fue un proyecto de civilización en conciencia, que por la ignorancia humana no ha tenido aún en la era moderna el recibimiento que debería dada la profundidad que contempla. Es por eso que debemos recordar, investigar, estudiar y difundir lo que aún es rescatable ante el implacable paso del tiempo. Ese ha sido, es y será el propósito del Centro Latinoamericano de Estudios Védicos en los tiempos por venir.

“El Sanatam Dharma es el recurso de Fe

que la Conciencia Cósmica generó para activar a los hombres conscientes”

Sri Mataji Shaktiananda

Centro Latinoamericano de Estudios Védicos – Filosofía Védica

7 Comentarios

  1. Gracias gracias gracias

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    • Hermoso

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      • Gratitud por estos regalos de conciencia, para mi son un faro de luz 🔅en mi caminar y evolución. Los caminos verdaderos son bendiciones🙏.

        Responder
  2. Excelente artículo. Muchas gracias

    Responder
  3. Leer las enseñanzas nos impregnan de sabiduría
    Gracias

    Responder
  4. Gratitud.
    Muy clara síntesis, que aún así y por ser tan amplios los conceptos da para leer muchas veces, también como disparador para de a poco ir profundizando.
    Realmente lo estaba necesitando.
    Bendiciones

    Responder
  5. Gracias gracias gracias Shanti Shanti Shanti

    Responder

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